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Rodolfo Hernández, víctima de las FARC y del ELN. Por: Eduardo Mackenzie

Rodolfo Hernández, víctima de las FARC y del ELN. Por: Eduardo Mackenzie

Rodolfo Hernández, el candidato que podría ser elegido presidente de la República de Colombia el próximo 19 de junio,  reveló hace unos días que él, como centenas de miles de colombianos, es una víctima más de las FARC y del ELN, que es una doble víctima, en condiciones tremendamente dramáticas, de esas dos organizaciones narco-criminales.

El 28 de abril pasado, ante un grupo de 80 jóvenes reunidos par Caracol Radio, Hernández respondió a una serie de preguntas. Allí reveló que  las FARC secuestraron hace varios años a su padre durante 135 días, que lo mantuvieron en una zona rural de la periferia de Bucaramanga, Santander,  y que de allí su padre “salió loco”. “Tuvimos que ir allá a sacarlo”, agregó. Indicó que  su padre había sido encerrado en una cueva del cerro La Aurora, “en la vía que conduce a Barrancabermeja”.

Enseguida, narró la otra atrocidad, aún peor,  que él y su familia tuvieron que sufrir por cuenta del ELN. “En el año 2004, secuestraron a mi hija y ese secuestro lleva 17 años. Hicimos todas las acciones, incluyendo al presidente de la República, para poder rescatarla”. Todo fue inútil. “Ya la declaramos desaparecida”.

Precisó: “A mi hija, la mataron. ¿Por qué la mataron? Porque el Estado nunca cumplió y entonces me cogieron a mí de chivo expiatorio, y podría haber sido alguno de ustedes y los matan ante no aceptar la exigencia de ellos que tenía que pagar dos millones de dólares. ¿Porque qué pasa si pago?  Yo tengo tres hijos más, pues lo cogen a [uno], y luego al otro, y luego al otro y a mi esposa y mi mamá. Eso no tiene fin. Me tocó amarrarme los calzones y enfrentar este dolor”, concluyó Rodolfo Hernández entre sollozos (1).

El auditorio aplaudió a Hernández pero nadie hizo un comentario de repudio a la crueldad de las guerrillas marxistas. Nadie hizo un gesto de solidaridad con la víctima que les hablaba. Nadie formuló una pregunta adicional sobre esa dramática revelación. Pasaron a otra cosa como si ese tema interesara poco.

Dos días después, Infobae trató de resumir el episodio de los dos secuestros. El resultado fue indecente. El autor anónimo manipuló el lenguaje de su nota para disculpar a los autores de las atrocidades. Dijo que la hija del candidato había sido “víctima del conflicto armado”, utilizando la fórmula habitual de los farucos para ocultar los autores de la violencia. Y prosiguió: “La descendiente del candidato fue retenida por un grupo armado”. “Retenida” en lugar de secuestrada y asesinada. Infobae habló de “grupo armado” en lugar de utilizar los términos FARC y ELN, los acusados por Hernández. Este dijo que su padre “salió loco” de ese cautiverio. Infobae suavizó la escena y habló de “choque psicológico”.

Los dos familiares de Rodolfo Hernández no fueron “víctimas del conflicto armado”. Fueron víctimas de dos entidades armadas concretas. Conflicto armado es una noción abstracta, jurídica, difusa, donde intervienen muchos actores, unos legítimos y otros criminales. Los marxistas hablan de “conflicto armado” para ocultar el hecho de que Colombia, al combatir a las guerrillas comunistas, se defiende de la agresión masiva que le decretó el comunismo soviético desde el comienzo de la Guerra Fría. El elemento de lenguaje “conflicto armado” sirve, pues, para encubrir a los agresores reales tras una nube opaca.

¿La manipulación del discurso donde Rodolfo Hernández revela que es una víctima de las dos guerrillas más feroces del país, hace parte de la guerra sucia que el petrismo lanzó contra su rival más peligroso ahora?

Incluso la intención del candidato fue deformada. El corresponsal en Bogotá de Infobae estimó que Rodolfo Hernández, con su “confesión” había dado “de qué hablar en las últimas horas”, como si su doloroso testimonio no hubiera sido espontáneo sino planeado para llamar la atención y para, como dijo el autor de esas infames líneas, “impactar al país”. Y llegó hasta a sugerir que el candidato se trocó en comediante pues éste “alcanzó a mostrarse conmovido”.

En un escenario ulterior, Rodolfo Hernández volvió a hablar de su tragedia personal pero esta vez agregó: “Yo, si llegara a ser el presidente de la República, no voy a actuar en venganza [interrupción por su llanto]. Excusen. Excusen. ¿Qué haría? Propondría un otro si al acuerdo que ya está firmado con las Farc porque no puedo pretender trasladar todo el viacrucis que viví a otros colombianos. Eso sería lo que haría: el perdón total”.

¿Perdonar a los criminales es la salida? ¿No es lo que Colombia hace desde la década de los 60? ¿Ha servido eso para aplacar a los violentos? No. Estos han crecido, gracias al perdón judicial. Es hora de reconocer que hay una noción más importante que la del perdón total: la justicia. Solo ésta reduce la violencia y preserva la paz. Cuando por desgracia cedemos ante los embaucadores y creemos que  el crimen se combate con la amnistía, le abrimos avenidas al mal, a la destrucción, al nihilismo.

Candidato Rodolfo Hernández piense en esto. En la historia de las naciones hay momentos en que el perdón a ultranza no es la salida pues equivale a una corrupción de los derechos humanos, a ayudar al crimen y a reforzar la impunidad. La justicia es un valor más grande y más seguro que el perdón total. Perdón puede haber, claro, pero a condición de que el criminal se arrepienta y pague una pena de cárcel dictada por la justicia.

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